Los
datos de Trabajo y la Seguridad Social comienzan a poner sobre la mesa los
catastróficos efectos del parón de la economía en el tejido empresarial con el
cierre de casi 70.000 microempresas y cerca de 200 firmas de más de medio
millar de trabajadores en una quincena aciaga para sectores como la
construcción, la hostelería y el comercio.
El
parón de la economía por la pandemia de coronavirus está teniendo unos efectos
devastadores para el tejido productivo y comercial del país: un total de 85.873
empresas con trabajadores echaron el cierre en poco más de dos semanas, entre
la limitación de las actividades y la movilidad con la declaración
del estado de alarma y el final de marzo, cuando, tras varios días
de polémica,
esas medidas se habían intensificado por la clausura de los llamados "servicios
no esenciales".
Así
lo indican los datos de la Estadística
de Empresas Inscritas en la Seguridad Social que elabora el Ministerio
de Trabajo, según la cual la cifra de sociedades con asalariados había pasado
de 1.324.427 en febrero a 1.238.554 en marzo,
una debacle de magnitudes catastróficas que alcanzó al 6,5% del tejido
empresarial productivo español.
"Sorprende
que haya descendido tanto el número de empresas cuando estaba la posibilidad de
acogerse a los ERTEs y
en un periodo de poco más de quince días, los primeros del estado de
alarma, casi sin que haya dado tiempo a decidir si puedes o no seguir
adelante", explica María Jesús Fernández, economista
senior de Funcas, que se refiere a este registro como "un dato preocupante
y, además, un indicio de la gran cantidad de empresas que se encuentran en
España en una situación de extrema vulnerabilidad".
Su
análisis coincide con el de Luis Aribayos, responsable de Economía y
Transformación Digital de Cepyme, que anota, en referencia al parón económico,
que "para mucha gente que lo estaba pasando mal esto ha sido la
puntilla". "El dato es muy negativo, y solo registra medio mes
-añade-. Aquí están los más pequeños, que ante la obligación de cerrar han
optado por bajar la persiana, darse de baja sin acogerse a los ERTEs y esperar
a ver qué pasa".
"La
caída refleja la realidad del tejido empresarial del país"
Los
datos de Trabajo revelan cómo la oleada de cierres ha tenido una incidencia
especialmente intensa entre las pymes, con casi 84.000 que suponen un
6,5% del total de las de su tamaño, un colectivo dentro del cual los daños
se han concentrado en las microempresas, las de menos de una decena de
trabajadores, con casi 70.000 bajas en un censo de 1,13 millones.
Sin
embargo, también las medianas y las grandes han sufrido los efectos del parón,
con más de 1.600 bajas (-6,2%) entre las primeras, las de 250 a 500 empleados,
y 183 (-3,7%) entre las segundas, las que superan el medio millar de
asalariados.
"Ha
habido una caída muy importante que ha afectado a empresas de todos los
tamaños", indica Fernández. De hecho, el impacto entre las medianas y
las grandes se sale de las previsiones
iniciales de los analistas sobre los primeros efectos de la crisis. En
cualquier caso, añade Aribayos, este primer balance de daños "refleja la
realidad del tejido empresarial del país".
Ese
cuadro de un país en el que el 93% de las firmas tiene menos de diez empleados
incluye pinceladas de crudo e inquietante realismo como aquellas con las que
hace unas semanas el Banco de España diseccionaba un tejido
productivo en el que una de cada cuatro empresas arroja pérdidas
mientras los beneficios de otras tantas resultan más simbólicos que
otra cosa. Su Central de Balances eleva al 34% el porcentaje de las
deficitarias en 2018.
Ese
descomunal aluvión de bajas de empresas llega, por otro lado, en uno de
los meses de crecimiento tradicional de su número por las altas de
sociedades que operan durante el periodo estival. "A las 85.000 bajas hay
que añadirles las más de 12.000 empresas vinculadas al sector turístico que
suelen inscribirse en marzo cada año", apunta Fernández.
Cierres
en cascada en construcción, comercio y hostelería
Paralelamente,
los datos
de la Seguridad Social, que cifran la caída de empresas en el mes de marzo
en 121.543 al incluir en ellas las de los autónomos que operan a través de SL
(sociedades limitadas), que en este caso serían el grueso de los 40.877 autónomos que causaron baja a partir del día
15, revela la concentración de los daños en tres sectores: la construcción, con
una pérdida de 19.993 empleadores (9.685 en edificios, 9.845 en gremios y 469
en ingeniería); el comercio, con una caída de 24.567 (14.352 minoristas, 6.631
mayoristas y 3.583 concesionarios), y la hostelería, que se deja 23.469 (21.808
en restauración y 1.681 en alojamientos).
"Llama
la atención el elevado número de cierres en la construcción, y su impacto en
el empleo, ya que el sector no se vio directamente afectado por los cierres
hasta final de mes", apunta Fernández. Este ramo se dejó en marzo 151.969
empleos, según los datos del Ministerio
de Inclusión, con un retroceso superior al 10% que solo superan en términos
cuantitativos las 181.148 rescisiones de contratos de la hostelería.
Los
daños, no obstante, se extienden por todo el tejido productivo, con datos
estremecedores como el cierre de más de la cuarta parte de las agencias de
viajes y operadores del sector turístico, la desaparición de casi una de cada
cuatro empresas del sector del arte, la cultura y los espectáculos y retrocesos
de en torno al 10% en otros como los servicios personales (fisioterapeutas,
gimnasios), las actividades deportivas, recreativas y de entretenimiento o las
academias de enseñanza.
El barómetro realizado por
Cepyme en los primeros días del confinamiento apuntaba algunas tendencias
como las que ahora se están manifestando: dos tercios de las empresas
presagiaban perspectivas negativas para su negocio, más del 95% preveía que la
pandemia resultaría perjudicial para su actividad, un 15,2% ya barajaba bajar
la persiana y otro 25% se planteaba recurrir al ERTE.
El
riesgo de la contagiosa cascada de morosidad
Tanto
Fernández como Aribayos temen que las bajas puedan volver a ser elevadas al
cierre del mes de abril, una posibilidad que se ve abonada por otros datos como
el descenso de un 6,4% en la facturación general de las empresas
(-11,3% en las pymes) detectado en el mes de marzo por la firma de
ráting Axesor, que también alerta de una
ralentización de los cobros y una ampliación de los plazos de pago.
"Es
fundamental conseguir que esas empresas vuelvan a levantar la persiana, sería
dramático que no pudieran volver a hacerlo", coinciden ambos analistas,
que también lo hacen en la urgencia de garantizar liquidez al
tejido empresarial.
La
falta de liquidez activa "una cascada peligrosísima cuyos efectos se
producen de manera muy transversal", destaca Arabayos, que pone como
ejemplo los problemas que puede provocar en familias y pequeños propietarios el
impago del alquiler de locales, en el inicio de una cadena
de morosidad que, como se vio en vísperas del crash de
2008, entraña riesgos de contagio para otros componentes del sistema productivo
y de la estructura social.
Fuente Público

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